Salud,  Viajes

Cómo hacer ecoturismo siendo vegano sin morir de hambre (nuestra experiencia en Triganá)

El veganismo está creciendo exponencialmente y cada vez es más fácil encontrar qué comer en las ciudades y en una gran cantidad de pueblos. Sin embargo, hay lugares que aún son un gran reto para los veganos como lo son los pueblos costeros y las zonas rurales.

Yo nací en Turbo, un pueblo antioqueño que se encuentra en el golfo de Urabá y desde pequeña mis padres me llevaban de ecoturismo por varios lugares del Urabá chocoano como Capurganá, Sapzurro y Triganá. Entre estos, Triganá es un lugar especialmente importante para mí porque tengo gratos recuerdos de mi infancia con el mar y la selva. Hace casi cuatro años le celebramos el primer cumpleaños a Emmanuel allí y fue su primera experiencia con el mar y ahora en sus vacaciones de mitad de año fuimos a Turbo donde aún vive mi papá y aprovechamos para volver a Triganá. Jhonatan no nos pudo acompañar porque debía trabajar, así que fuimos Emmanuel y yo junto con mi hermano y mi papá.

Hace dos años habíamos ido los tres a Capurganá y nos sorprendimos por las opciones vegetarianas y veganas que habían; a pesar de ser un corregimiento pequeño hay bastante turismo extranjero lo que hace que la oferta de alimentación sea más amplia. Para los veganos que vayan a viajar a Capurganá pueden encontrar opciones veganas en The Dock Resto Bar que queda en todo el muelle, en Gecko Café Bar y en un local de comidas rápidas que olvidé su nombre y que se encuentra en toda la cancha, cerca al aeropuerto.

En Triganá la cosa es diferente. Es una bahía mucho más pequeña que Capurganá y no es tan turística. Hay pocos restaurantes (como cinco), no hay minimercados (solo algunas pequeñas tiendas) y la oferta gastronómica es básicamente cocina de mar. Así que la opción más cómoda para los veganos es cocinar. Ahora, es difícil esta opción cuando estás acampando o estás hospedado en una hostería y no en una cabaña. Mi situación era la siguiente: durante 4 días iba para una pequeña cabaña que no tenía cocina y tampoco tenía planta eléctrica, así que solo íbamos a tener energía de 3 p.m. a 11 p.m que es la hora en la que habilitaban la energía en toda la bahía. Así que debía irme preparada desde Turbo, un municipio donde no hay opciones veganas en ningún restaurante, pero que afortunadamente hay Éxito y D1.

Así que si vas a un lugar con características similares a las de Triganá, quizás los siguientes consejos te puedan servir:

ANTES DE VIAJAR

Investiga sobre el lugar

Consulta en internet o pregunta a personas que ya conozcan el lugar, qué productos se pueden conseguir directamente en el sitio. Yo, por ejemplo, sabía que allá podía conseguir verduras básicas como tomate, cebolla, plátano y papa. Si te vas a quedar en una hostería u hotel pregúntales a ellos directamente si tienen opciones veganas o si hay forma de que te presten la cocina. Por experiencia, es mejor no confiarse cuando te dicen que hay opción vegana porque muchas veces las opciones que hay son ensaladas y ya sabemos que no vivimos de ensalada. Algunos hostales tienen cocina para uso común y sería una gran ventaja. En nuestro caso, la única opción era hacer fogón de leña.

Olvidé preguntar en las hosterías de Triganá si ellos prestaban la cocina a los huéspedes, aunque creo que no.

Planea tu menú diario y haz la lista de compras

Es importante saber con antelación qué es lo que vas a comer cada día para saber qué vas a comprar. Yo siempre pienso en 5 comidas: desayuno, algo, almuerzo, algo y comida. El menú debe ser muy básico, fácil de preparar pero que tenga buen aporte de proteína y de carbohidratos complejos. En estos viajes, para mí es más importante alimentarme de una manera práctica que deleitarme con recetas elaboradas. Mi menú fue el siguiente:

Y la lista de compras fue la siguiente:

  • Leche de soya
  • Granola o avena en hojuelas
  • Frutas
  • Pan de hamburguesa
  • Masa de hamburguesa/hamburguesa precocida
  • Fríjoles
  • Arroz
  • Tomate
  • Cebolla
  • Lentejas
  • Galletas
  • Pan
  • Frutos secos (nueces y semillas)
  • Mantequilla de maní
  • Plátano
  • sal

Las pastas también son una muy buena opción para estos casos. La verdad es que no recuerdo por qué no la incluí en el viaje.

Nosotros nos acostumbramos a comer en la noche casi igual que como comemos al almuerzo, pero las personas generalmente comen más liviano, así que tu lo puedes planificar de acuerdo a como acostumbras alimentarte.

Haz las compras

Sabiendo con anticipación qué puedes encontrar en el lugar de destino, identifica qué cosas son necesarias comprar desde antes, en lo posible, que sean alimentos no percederos o que sean fáciles de conservar en el caso de que no haya forma de refrigerar. De acuerdo a lo que ya sabía, yo compré lo siguiente en Turbo:

  • Tres bolsas de leche de Soya La Superior (Éxito)
  • 1 libra de Avena en Hojuelas
  • 1 libra de Granola
  • 1 paquete de mini croissants Horneaditos (D1)
  • 1 Paquete de mezcla para hamburguesa Natri (D1)
  • Mantequilla de maní
  • 1 paquete de mezcla de nueces
  • Pan de hamburguesa Horneaditos (D1)
  • 1 libra de lentejas
  • 1 libra de fríjoles verdes
  • 1 libra de arroz
  • 1 paquete de galletas Crokan D1

Aunque los fríjoles, el arroz y las lentejas era posible que los encontrara en la tienda de Triganá, no quise arriesgarme y los aseguré de una vez.
La mezcla para hamburguesa marca Natri que compré en el D1 estuvo genial porque sólo se necesitaba agregar agua.

Hay enlatados de fríjoles aptos para veganos que se pueden encontrar en los supermercados y que serían una muy buena opción cuando no se cuenta con cocina.

EN EL SITIO

¡A comer!

Lo primero es comprar las cosas que se encuentran en el sitio desde el primer día y ya solo queda seguir con el menú que se planificó. En el bolso siempre llevaba galletas o frutos secos para comer cuando me diera hambre y estuviera lejos de la cabaña, ya que tenía un plan de caminata cada día. En cuanto a las frutas, comíamos mango todos los días porque era lo que estaba en cosecha.

Como se cocinaba en fogón de leña, tomaba algo de tiempo hacer los fríjoles, las lentejas y el arroz. Por esta razón resultaba más fácil comer en la noche lo mismo que en el almuerzo. Otra opción es comprar la porción de arroz, ya hecho, en algún restaurante. Yo evito comprar porciones de patacones o papas fritas en los restaurantes porque no sé en qué aceite lo hacen y me sucedió una vez en Sapzurro que compré unos patacones y me sabían a pescado.

Durante la planificación de este viaje se nos olvidaron las ollas y nos tocó pedir prestado a una cabaña vecina, pero creo que aunque nos hubiéramos acordado, no nos íbamos a encartar, así que en mi próximo viaje confiaré nuevamente en la hospitalidad de las personas del lugar. Pero es un punto a tener en cuenta cuando el lugar a donde vas no tiene cocina.

Espero que estos pequeños consejos te puedan servir en algún momento. Así fue como Emmanuel y yo pudimos viajar tranquilamente a un lugar lejos de la urbe sin sufrir por nuestra alimentación y como ves, sólo es cuestión de planificación.

Abrazos.

Como la idea de escribir este post me surgió después de llegar de Triganá, no tomé fotos relacionadas con la alimentación, pero les dejo algunas fotos de nuestro viaje a mi rincón favorito del planeta.

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