Especismo,  Ética

La Rebelión

«Quiero contarle mi hermano un pedacito 
de la historia negra, 
de la historia nuestra, caballero y dice así:»

Y sabemos lo que sigue: un esclavo negro que se rebela ante su esclavista porque éste le pega a su amada, la negra. (No olvidar que esto fue después de la esclavitud de los pocos indígenas que quedaron vivos luego de la colonización.).

Si aún no sabes a qué me refiero, da clic aquí.

¡No le pegue a la negra!

Imagine que es usted un negro en los años 1600. No sólo se imaginaría siendo un negro sino también un esclavo y no sólo un esclavo sino un esclavo encadenado que fue comprado y traído de África. Para su esclavista es usted un bien mueble con precio, sin ningún derecho legal. Y sus hijos, si es que puede tenerlos nacerán siendo esclavos. Imagínese usted sin poder hacer lo que más le gusta, sino siempre hacer lo que su dueño le ordena. Trabaje allí, cargue esto, duerma allí, coma esto. Y si no le gusta, recuerde que usted no es más que una cosa y sus intereses no importan.

¡No le pegue a la negra!

Imagine que es usted un negro, esclavo de un español, en los años 1800. Ya se habla de abolir la esclavitud. ¡Tal vez este siglo sí!, piensa usted. Pero los hacendados cuyo negocios dependen de los esclavos se oponen rotundamente. Salen unas leyes que reglamentan la esclavitud, inspiradas en el Código Negro de Francia, en donde se le facilita a usted profesar la religión católica y además ordena a su amo a que le de un tiempo de ocio, pero ¡no demasiado!. También dice que se le debe dar una cama, alimento y vestimenta. ¡Tan compasivos!, piensa usted – irónicamente – . Si su dueño no cumple con esta reglamentación tendrá que pagar una multa, y si reincide, usted podrá ser confiscado.

Sale una nueva ley en donde sus hijos podrían nacer libres: libertad de vientres, lo llaman. Pero a cambio de esa libertad, sus hijos tendrán que servir a su amo hasta que cumpla los 18 años. ¡Este siglo, tal vez sí!, piensa usted, nuevamente.

¡No le pegue a la negra!

Imagínese que es usted un negro en los años 1900. La esclavitud fue abolida, pero usted trabaja para los mismos que alguna vez esclavizaron a sus abuelos. Ahora ya no es su dueño, sino su patrón. Usted podría decidir irse o quedarse, pero usted necesita el dinero así que decide quedarse sin importar cuánto le paguen. Y la negra también se queda en la cocina de su patrón.

¡No le pegue a la negra!

Ahora es usted un negro en los años 2000. Producto del trabajo de sus padres, usted pudo estudiar y crear su propio negocio y aunque los derechos humanos dicen que usted tiene los mismos derechos que el resto, tiene que aguantar cosas como: ¡Tenía que ser negro! ¡Trabaja como negro! Negros, ¡ni mis zapatos! Además, no todos los negros corrieron con la misma suerte que usted y aún dependen del trabajo mal pago y quizás usted piense: ¡Son pobres porque quieren!

¡No le pegue a la negra!

Ahora imagínese que es usted una esclava en los años 2000, como la negra. Sí, la esclavitud está abolida pero déjese llevar:

Como es esclava tiene un dueño que le indica para dónde ir y qué hacer. Es un bien mueble con precio, sin ningún derecho legal. Su dueño le da la comida que quiere, cuando quiere y le da la cama que considera que está bien. Además la maltrata cuando usted no quiere hacer lo que él le indica (como en los años 1600). Como su dueño necesita más esclavas, usted es violada y la ponen a parir una y otra vez luego de ser violada una y otra vez. Pero sus hijos son arrebatados al poco tiempo de tenerlos. Como su dueño sólo necesita féminas, los hijos que nacen varones son asesinados y sus hijas son llevadas a otro lugar y nacen esclavas. Usted no puede hacer nada para impedirlo así lo intente. Recuerde que usted no es más que una cosa y sus intereses no importan.

Imagínese que hay pocas personas que se preocupan por su situación y por sus intereses y hablan de derechos para usted y para otros como usted. ¡Tal vez este siglo sí!, piensa usted. Pero los hacendados cuyos negocios dependen de sus esclavos se oponen rotundamente. A cambio, salen unas leyes que regulan su esclavitud y explotación, el cual obliga a su dueño a que le de una mejor cama y un mejor espacio donde vivir y que además sus hijos varones sean asesinados de una manera en la que sientan el menor dolor posible. Está claro que esto no sería suficiente para usted ni para las pocas personas que se preocupan por usted, pues su único interés es vivir en libertad. Como usted no puede defenderse porque sus intereses son ignorados, necesita de esas personas pero estas personas son tachadas de extremistas. Sus esperanzas se van al piso.

Imagínese que después de 5 años de tener su primer parto a usted ya no la necesitan y la asesinan. Ahora usted sabe qué pasó con su madre y qué pasará con sus hijas.

¡Esclavitud perpetua!

Ahora caiga en la cuenta que esta es la situación por la que pasan millones de vacas lecheras en el mundo y como ellas, millones de animales son esclavizados e ignorados. Y como ellos no pueden hablar, nosotros, sus defensores, hablamos por ellos. Pero somos tildados de extremistas. Usted puede decir que ellos no son iguales que nosotros, así como los europeos decían que los negros no eran como ellos por su color de piel. Usted podrá decir que los animales no homo sapiens son inferiores a nosotros por no pertenecer a nuestra especie, pero esto es una discriminación arbitraria que no tiene ningún fundamento lógico, así como la discriminación en función de la raza tampoco lo tiene. Usted podrá pensar que los animales no humanos no son tan inteligentes como los homo sapiens y por eso no tienen los mismos derechos, pero los humanos con deficiencia cognitiva no son tan inteligentes y aun así estamos de acuerdo en que tienen los mismos derechos que el resto. Creo que no hay que ser científicos para entender mediante observación, que los animales sienten y además de que sienten, tienen deseo de vivir y además de vivir, tienen el interés de disfrutar su vida libremente y usted está siendo partícipe de su esclavitud y explotación pasando por encima de sus intereses. La evidencia muestra que los humanos podemos vivir sin explotar a los animales, por si aún piensa que lo tenemos que hacer para sobrevivir. Así que ser un esclavista o un emancipador es su decisión. Después de todo, es importante usar una de las cosas que nos diferencian del resto de animales: la moralidad.

¡Tal vez este siglo sí!

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