Animales en la alimentación,  Ética

"Madres no humanas": la publicación en Facebook que me motivó a escribir sobre veganismo.

El 29 de noviembre de 2015, me entran unas ganas de escribir. Situaciones que ocurrieron por esos días me llevaron a pensar sobre las verdaderas razones que tuve para dar mi gran paso al veganismo y de lo bien que me sentía con eso. Así que publiqué una foto de Emmanuel en Facebook y escribí todo lo que sentía. Para mi sorpresa, esta publicación tuvo una gran aceptación. Acostumbrada a no tener más de 10 “me gusta” en mis publicaciones, el hecho de que a 194 personas les haya gustado, que 36 personas lo compartieran y que tuviera 27 comentarios, me hizo pensar que tal vez se necesitaban más publicaciones como esta. Desde ahí me rondó la idea de crear un blog. Así, que no podía escoger otra cosa para que fuera la primera entrada de Una Familia Vegana.
Esto fue lo que escribí:
Cuando supe que estaba embarazada, recién había tomado la decisión de ser vegana. Después de sobreponerme a los miedos y temores que surgen de los comentarios de amigos, familiares, médicos y de personas que apenas conocía, decidí seguir adelante. Esto no hubiera sido tan fácil sin mi esposo, que con sus preparaciones, me hacía olvidar lo rico que son algunos lácteos. Emmanuel, para sorpresa de algunos, nació en perfectas condiciones. Pero ahí no se frenaba la opinión pública. “Tal vez el bebé pudo obtener todos los nutrientes de su mamá, pero ahora si que necesita carne, y leche, y huevos para desarrollarse”. Algunos hasta me insinuaron que Emmanuel perfectamente podría llegar a ser un retrasado mental porque la carne “ayudó al crecimiento del cerebro” de nuestros antepasados. Hoy, Emmanuel tiene 15 meses y nunca ha consumido ningún alimento de origen animal. Está en perfectas condiciones de salud y su desarrollo, incluso, está por encima de la media. Nunca se ha enfermado de nada, excepto de las gripas que le dan a todos los niños a su edad. El pediatra, siendo mi bebé su primer paciente vegano, está más que feliz con los resultados. Y yo a él le agradezco. Le agradezco por respetarnos nuestra intuición de padres. Nuestro derecho a darle a nuestro hijo lo que creemos que es lo mejor para él.
Ahora, estoy más segura que nunca de haber tomado la mejor decisión. La cuestión con los lácteos es algo que va más allá de lo rico que pueden saber y del gran placer que es sentir un queso estirarse en una pizza. Como madre, me niego a ignorar el sufrimiento de las madres de otras especies. Independientemente que yo sea una vaca, una oveja, una cerda, una perra, una gata, una gallina, el vínculo que tenemos con nuestros hijos es el mismo. Es nuestro instinto animal proteger a nuestras crías, por lo menos hasta que estos puedan defenderse por sí solos. Me niego a que por satisfacer mi paladar, una vaca sea prácticamente violada, siendo inseminada artificialmente y que luego sea separada de su cría para que este no se vaya a tomar la leche que pertenece a la industria. Luego de una dura separación, donde incluso se ha visto que la vaca llora, su cría, si es macho, irá a parar a la industria cárnica y si es hembra, seguirá el ciclo del terror de la industria láctea. Me niego a ser egoísta. Sería una traición como madre. Amo a mi hijo y pelearía a muerte por su bienestar. Mi lucha es también por todas esas madres no humanas, que no pudieron ver crecer a sus bebés. ¡Liberación Animal, ahora! ¡Quítate la venda y serás libre!

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